sábado, 9 de julio de 2016

No te olvidé, Berlín

Parece que solo escribo para vomitar.  Así soy yo, poco constante e interesada. Necesito escribir cuando no veo otra salida. Siento que me falta el aire. Necesito parar. Necesito dos días sin los habituales. Sin nadie, en realidad. Necesito la soledad que busqué y encontré en Berlin, necesito sentir lo que allí sentí. Quiero volver. Desaparecer para todos excepto para la "Selva" que soy y la que parí. Los demás ahora me sumergen en el agua con una fuerza de la que no son conscientes y no me dejan salir. No puedo sino hundirme.

sábado, 15 de noviembre de 2014

El cementerio vacío

Nunca había leído nada de Pinilla. Mi madre llevaba tiempo advirtiéndome de la buena literatura que creaba, pero nunca me llamó la atención. También me lo había recomendado un amigo que ahora se encuentra a muchos kilómetros de aquí, aunque estoy segura de que sigue de cerca la literatura. Pues bien, finalmente, como ocurre cuando un escritor muere, empiezo a sentir curiosidad por su puño y letra.

Me leo El cementerio vacío de Ramiro Pinilla.

Y renace, renace en mí ese sentimiento patriótico que creía perdido por aberraciones cometidas por mi gente, por la incapacidad de los míos de diferenciar la cultura de la política y de hasta dónde se puede llegar por la patria.

Normalmente, cuando termino una novela, suelen ocurrirme dos cosas: o me siento defraudada por el final, por ser mis expectativas más elevadas (como en El Original de Laura de mi amado Nabocov) o me embriaga un escalofrío y aparece una sonrisa en mi rostro (tal y como me pasó con Cien años de soledad de García Márquez o en Ensayo sobre la ceguera de Saramago). Pero lo que nunca me había ocurrido había sido lo que me acaba de ocurrir con esta novela.

He terminado, he llegado al último punto de la novela y he fruncido el ceño (mi madre siempre me dice que no lo haga). Me he enfadado muchísimo con Pedro. ¿Por qué trata así a la persona que le ha salvado de una muerte segura? Pues por ser de donde es. Y eso duele. Porque los que vivimos en esta tierra aún sentimos esa dureza, frialdad y distancia de los pedros hacia nosotros. Amo nuestra lengua y respeto nuestra cultura. No entro en política, ya que no me gustan ni los extremos de un lado ni los del otro (lo del tema de la corrupción es otra cosa que no viene al caso y de la que no quiero hablar). El bilingüismo es un regalo, entre otros muchos, por haber nacido donde he nacido.

Esparta es un librero, un detective, un novelista sin imaginación (por lo visto), tiene corazón y busca justicia. Ese es Esparta, independientemente de dónde haya nacido.

Personalmente, me siento orgullosa de poder formar parte de una leyenda en la que los fallecidos amantes escapan a la mar para vivir su historia de amor eterna.




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Qué lejos queda...

Hace dos meses de esto y lo veo tan lejano... Pero me encanta recordarlo. Creo que disfruto tanto o más viendo las fotos que viviéndolo. Ahí van algunas de las fotos más bonitas que tenemos del viaje de novios.


miércoles, 5 de noviembre de 2014

BUENAS NOTICIAS

Hoy traigo buenísimas noticias, al menos lo son para mí.

Tras dos años estudiando una carrera (que no me ha agradado lo más mínimo) por obligación moral y laboral, el suplicio acabó. Por ello, he podido centrarme de nuevo en lo que realmente quería hacer desde hace tiempo: retomar la filología. Vuelvo donde lo dejé: 1 asignatura de primero, 3 de segundo, 3 de tercero y 3 de cuarto.

Estoy encantada, con fuerzas. Este mes de octubre sin ninguna carga académica me ha llenado de oxígeno y ya estoy lista para otro año lleno de palabras, comentarios de texto y golosa literatura.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Termino con...

Termino con "Default in our stars" para empezar con "La gran Marivián" que ya tengo ganas de terminar con la trilogía de Antíbula.

¡Yujuuuuuuuuuuuuu!

sábado, 3 de mayo de 2014

DECISIONES

He decidido que no escribiré una entrada sobre el viaje a los campamentos de Tindouf. Fue demasiado. Mis palabras no son suficientes y no sería justo. No quiero olvidar, pero soy incapaz de escribir para recordar.

Aún no he vuelto del viaje. Mi cabeza sigue en el Sáhara y mi mirada también. Aún no he vuelto a casa y creo que nunca volveré del todo.





miércoles, 30 de abril de 2014

Promesas

Prometo una pronta entrada sobre el viaje a Sáhara de esta semana santa. Querer expresar lo que allí sentí y, haciendo míos los últimos versos del poema de un amigo, "descubrir que la palabra no es suficiente".

Todo lo que pueda contar carecerá de la esencia de lo vivido.

Ahí va un adelanto:





GORA SAHARA ASKEA!