sábado, 15 de noviembre de 2014

El cementerio vacío

Nunca había leído nada de Pinilla. Mi madre llevaba tiempo advirtiéndome de la buena literatura que creaba, pero nunca me llamó la atención. También me lo había recomendado un amigo que ahora se encuentra a muchos kilómetros de aquí, aunque estoy segura de que sigue de cerca la literatura. Pues bien, finalmente, como ocurre cuando un escritor muere, empiezo a sentir curiosidad por su puño y letra.

Me leo El cementerio vacío de Ramiro Pinilla.

Y renace, renace en mí ese sentimiento patriótico que creía perdido por aberraciones cometidas por mi gente, por la incapacidad de los míos de diferenciar la cultura de la política y de hasta dónde se puede llegar por la patria.

Normalmente, cuando termino una novela, suelen ocurrirme dos cosas: o me siento defraudada por el final, por ser mis expectativas más elevadas (como en El Original de Laura de mi amado Nabocov) o me embriaga un escalofrío y aparece una sonrisa en mi rostro (tal y como me pasó con Cien años de soledad de García Márquez o en Ensayo sobre la ceguera de Saramago). Pero lo que nunca me había ocurrido había sido lo que me acaba de ocurrir con esta novela.

He terminado, he llegado al último punto de la novela y he fruncido el ceño (mi madre siempre me dice que no lo haga). Me he enfadado muchísimo con Pedro. ¿Por qué trata así a la persona que le ha salvado de una muerte segura? Pues por ser de donde es. Y eso duele. Porque los que vivimos en esta tierra aún sentimos esa dureza, frialdad y distancia de los pedros hacia nosotros. Amo nuestra lengua y respeto nuestra cultura. No entro en política, ya que no me gustan ni los extremos de un lado ni los del otro (lo del tema de la corrupción es otra cosa que no viene al caso y de la que no quiero hablar). El bilingüismo es un regalo, entre otros muchos, por haber nacido donde he nacido.

Esparta es un librero, un detective, un novelista sin imaginación (por lo visto), tiene corazón y busca justicia. Ese es Esparta, independientemente de dónde haya nacido.

Personalmente, me siento orgullosa de poder formar parte de una leyenda en la que los fallecidos amantes escapan a la mar para vivir su historia de amor eterna.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Alados compañeros, vuestro fresco soplo me ayudará a alcanzar el más alto vuelo al que una mariposa puede aspirar.
Dejadme una palabra de aliento, aunque solo sea un soplido.
Y si algo no es de vuestro agrado, naturalmente, también se puede criticar!