martes, 27 de marzo de 2012

Rota

Sí. Esa es la palabra. Me siento como un juguete roto y abandonado por su dueño, en algún rincón oscuro y lleno de telarañas. He perdido mucho estos últimos meses.

Dos personas que eran importantes para mí han salido de mi vida. Duele no tenerlas cerca, duele muchísimo, pero es mejor así, pues ni me respetaban ni me querían como yo a ellos. Solo me utilizaban. Primer mazazo.

He dejado de componer.

He dejado a Buonvino.

He dejado a Jenkins.

He dejado a Poulenc.

He dejado de cantar

Dios mío, he abandonado mi vida.

Tengo crisis de ansiedad semanalmente. El mejor día de la semana es el lunes, pues aún quedan 4 días más para que llegue el maldito viernes. Tras este nefasto día de la semana, necesito el fin de semana para recuperarme.

He dejado todas las actividades extralaborales (¿existe esa palabra?) porque la apatía se come todas las horas del día.

Me han traicionado, manipulado, faltado al respeto, herido. Me han hecho sentir mala persona, sin escrúpulos. Y todos cometemos errores. Yo los he cometido, y muchos. ¿Pero no dice la Biblia que hay que perdonar? Y por qué a mí no se me perdona, sino que se me sigue machacando? ¿Diciendo de mí barbaridades? Y no es que me importe lo que se diga de mí por ahí. Me importa lo que mis amigos dicen de mí, o mejor dicho, los que yo creía mis amigos. Noto como allegados a ellos me miran raro y susurran a mis espaldas. En fin. Nada de esto importa ya. Estoy desbordada, rota, deshecha. Desde luego, si lo que pretendían era hacerme caer en una depresión, lo han conseguido. Bravo, chicos, bravo.

Y muchas cosas más que no tengo ganas de escribir.

No hay nada mejor que cagar y llorar en casa de una madre. Sale solo, sin esfuerzo. Es una liberación. Definitivamente, tengo que pasarme por allí más a menudo.

Sacrificios

He abandonado todo aquello que me hacía sentir viva. He sacrificado el clarinete y el piano. Se me ha olvidado la música y con ella, todas las demás artes. Adiós a toda esa catarsis. Estoy deshecha por esto. La música ya no forma parte de mí. Yo ya no soy yo, y mi vida ya no es mi vida.