lunes, 30 de enero de 2012

Planchando mis ideas

Llegados a este punto en el que no hago más que trabajar, comer, hacer de vientre, dormir (poco) y estudiar, tengo que empezar a establecer prioridades.

Hay tanto que hacer y el tópico horaciano tempus fugit me aprieta tanto, que el día no tiene las suficientes horas para saber, leer y gustar de la vida. Ya se sabe qué le pasa a quien mucho abarca, pero son tantas las cosas que quiero hacer antes de ser parte de la música de esferas que no puedo parar.

Salgo poco, leo con voracidad a Garcilaso y con hartazgo al Cid y al Arcipreste de Hita. Me esperan en el anaquel del cuarto de los invitados las dos primeras partes de una novela de mi japonés más preciado, Murakami, 1Q84. También me esperan algunos libros para retomar el inglés y comprender el maravilloso idioma italiano y por supuesto, me espera Cortázar para jugar conmigo a un juego muy sencillo, Rayuela. Miro al Fervor de Buenos Aires y recuerdo el atardecer que describe Borges y me imagino la conversación entre él y Harold Bloom. Y pensando en todas estas cosas, "se (me) pasa la vida y se (me) viene la muerte tan callando".

Quisiera hacer tanto, pero solo tengo una vida y he de establecer prioridades, aunque me parezca una aberración hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Alados compañeros, vuestro fresco soplo me ayudará a alcanzar el más alto vuelo al que una mariposa puede aspirar.
Dejadme una palabra de aliento, aunque solo sea un soplido.
Y si algo no es de vuestro agrado, naturalmente, también se puede criticar!