sábado, 17 de septiembre de 2011

Capacidades perdidas

La demencia. Ay, la demencia a veces tan humillante, que permite vigilar el fiordo de Noruega desde un psiquiátrico. Esa demencia que esconde la magia de viajar sin mover un músculo. Definitivamente, estoy asquerosamente cuerda (gracias a Dios) y mi imaginación cría malvas desde que tengo uso de razón. ¿Dónde quedaron mis conversaciones con Charlot?

A veces sueño, literalmente, único modo de soñar que conocía y supongo sigue conociendo, Vorace, que por la noche alzo los brazos y dibujo utilizando solo la yema de mis dedos, cielos mágicos de aurora boreal, como en una caja de arena.

Ya sé cuál es mi problema: tengo la sensibilidad enfermiza de un poeta y la capacidad de crear arte de un orangután.

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