domingo, 9 de mayo de 2010

HACIENDO AMIGOS

Me encontré en la terraza de un bar con un niño, acompañado POR sus padres. Ellos eran feos con ganas, Quevedo diría que, érase una fealdad superlativa, érase un feísmo infinito, muchísima fealdad, fealdad tan fiera que en la cara del Fary fuera delito.

Pues bien, el niño era guapísimo, me levanté, acerqué dispuesta a jugar con él y le dije a modo de saludo: "pero cómo puedes haber salido tan guapo!" Los progenitores me miraron con una mueca que no hizo sino ponderar aquella belleza distraida de la que eran poseedores.

Conque cerré el piquito, GLUC, tragué saliva y me senté en mi silla, de la que no debía haberme levantado

1 comentario:

  1. Qué sinceridad y espontaneidad tan envidiable tienes! Bueno, como dicen por ahí: la piedra le cae al que la quiere apañar. Tú sólo hiciste referencia a la belleza del niño, no a la fealdad de sus padres; si ellos lo vieron de otro modo, allá ellos.

    Abrazos!

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Alados compañeros, vuestro fresco soplo me ayudará a alcanzar el más alto vuelo al que una mariposa puede aspirar.
Dejadme una palabra de aliento, aunque solo sea un soplido.
Y si algo no es de vuestro agrado, naturalmente, también se puede criticar!